sábado, 20 de febrero de 2016

La vida de Pablo...

“Si quieren escuchar un testimonio de mi vida, sobre mí, sobre esa persona que me ha abandonado, lo haré. Ojalá solo una persona me hubiese abandonado. No sé qué contaros sobre ella, ni tampoco sobre ellos. La quise y la recuerdo cada mañana. Cada puto día de mi vida. A los demás. De momento no hay demás. No hay nadie. Hay soledad.

Algún día dejaré de levantarme sin tener que sentirme azul. Tan azul como el mar, tan azul como el cielo o tan azul como el veneno que recorre mis venas. Algún día dejaré de romperme por dentro cuando vea los dibujos que pintaba cuando era pequeño y que te entregaba al llegar del colegio. Algún día dejaré de marchitarme cuando vea esas pocas fotos que tenemos. Es una pena no tener tantos recuerdos como me gustaría. No estaré todas las noches derramando lágrimas, ni tampoco estaré desvelado esperando a que toques a la puerta y grites mi nombre para bajar a cenar. Echo de menos tu voz y hasta tus gritos. Ojalá pudieses gritarme de nuevo cada día. No estaré todas las noches preguntándome cómo voy a afrontar el día siguiente. No dejaré la cama hecha todos los días a las cuatro de la mañana porque no pueda dormir más. Tú no me enseñaste a rendirme tan fácilmente. Tú no me enseñaste a ser un derrotado. Tú luchaste, y aunque perdiste, te dejaste el aliento hasta el final. Pablo quiere ser igual de luchador que tú.

Luché por ti con toda la paciencia que pude y gracias a ello me convertí en el más fuerte. No pude contenerme mientras te veía marchar, pero el cielo no podía esperarte más. Te necesitaba allí más de lo que yo te necesitaba aquí. Estoy feliz porque sé que volvías a casa, a tu verdadero hogar. Eso es mentira. No estaba feliz, pero hay que seguir. Algún día el cielo se abrirá y tú bajarás para darme fuerzas. Toda esa fuerza que necesito para seguir aquí y que mi vida tenga sentido. No importa todo lo que haya sufrido durante este tiempo o todos esos lugares a los que haya viajado solo. Sé que has estado aquí. Sé que me has dado la mano a través de tu alma para que pueda seguir adelante. Nunca he dormido solo como creía. Nunca he llorado sin que estuvieses ahí. Algún día nuestro reencuentro merecerá la pena. Sé que no quieres que sea ahora. Es muy pronto aún.

Te quiero muchísimo. Te quiero con todo mi corazón, con toda mi alma y con cada hueso que compone mi ser. Me siento espectacular siendo libre. Sabes que he encontrado personas que me quieren por como soy y que me aceptan sin importar nada más. Tengo muchísimos defectos. Sé que siempre intentaste corregirlos, pero ahora me toca a mí seguir cuidando de mi árbol estando solo. Eres lo mejor que tengo y he tenido en mi vida. Te tendré presente siempre. Tu pequeño Pablo jamás se olvidará de ti.”


Pablo.

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