lunes, 3 de febrero de 2014

Robotz...

Esta mañana me dispuse a llamar al número de servicio de atención al ciente de mi operadora y antes de que pudiese pronunciar una palabra una dulce voz femenina me estaba atendiendo, era consciente de que esa voz no era procedente de una persona que estuviese trabajando para dicha compañía, sino de un bot programado para ser un mero intermediario de mi duda y con la mayor velocidad posible poder dirigirme hacia el profesional adecuado. Cada vez estamos más y más ligados a la robótica y a depender de su frecuente uso: Siri o Sherpa en los terminales móviles son capaces de realizar tareas por nosotros mediante patrones de voz; algunas recepcionistas de hoteles japoneses también son androides de una estética cuidada hasta el más mínimo detalle que pueden resolver cualquier percance o guiarnos hacia la zona de la estructura que deseemos; miles de máquinas agilizan las cadenas de producción en las fábricas y realizan cortes y trabajos tan exactos y precisos que serían imposibles de realizar con manos humanas en el mismo tiempo y la agricultura también ha sido otro sector que se ha beneficiado de manera abismal. La tecnología avanza a pasos de Goliat y sin duda cada vez estamos más inmersos en la enorme evolución tecnológica.

La gran mayoría de operaciones que se realizan en la bolsa son gestionadas por bots autómatas que trabajan mediante algoritmos. Estos bots están diseñados para ser extremadamente veloces y así controlar la compraventa de acciones, estas a su vez se ejecutan desde un superordenador (algunos de ellos son capaces de realizar más de 150 billones de operaciones por segundo) y a veces un fallo hace perder enormes cantidades de dinero en muy pocos minutos. Se han desplazado cuantiosos puestos de trabajos debido a la aparición de robots que hacen que la labor sea más fácil o precisa y otros artilugios controlan el correcto funcionamiento de dicha maquinaria. Hay trabajos y servicios que van desapareciendo a la vez que surgen otros nuevos, es decir, no hay que alarmarse de forma dramática a causa de la automatización y robotización de la industria, aunque las clases medias son las que suelen verse más perjudicadas respecto a esto. 

Todavía quedan enormes desafíos por superar, es decir, un acto tan sencillo como enroscar una botella o subir unas escaleras son dos grandes retos para la robótica, o sea, un robot es capaz de hacer girar un mecanismo hasta que su cierre sea perfecto pero no puede colocar el tapón en una botella e ir buscando la posición adecuada para que este encaje y hacerlo girar hasta que el recipiente esté cerrado. Subir y esencialmente bajar escaleras es una gran dificultad para la robótica porque los robots de tipo humanoide carecen de sentido del equilibrio y es bastante difícil controlar el centro de gravedad mediante la programación, por lo que los modelos actuales que consiguen subir escaleras lo hacen de una forma bastante rudimentaria y con una velocidad bastante limitada. También podemos hacer que un sistema móvil nos nombre mediante un apodo o nick que hemos preseleccionado anteriormente, pero no podemos lograr que este sistema nos ponga un mote lógico mediante toda la información que posee acerca de nosotros.



El avance tecnológico e industrial es innegable, sin embargo, su desarrollo sería más eficaz si contase con un apoyo más férreo para impulsar esta industria, sin duda hablo del servicio militar. Sería una falacia decir que si el servicio militar se preocupase por la tecnología no se avanzaría nada, ya que internet y muchos experimentos médicos, terapéuticos y de armamento han sido llevados a cabo gracias a que este sector se ha volcado con ellos y ha invertido grandes patrimonios (probablemente en el 80% de los casos, la forma en la que se llevaba a cabo estas investigaciones no era ética, legal ni ofrecía los medios adecuados pero a pesar de tanta injusticia lograron sus objetivos). 

La línea entre lo más extremo y el mayor reto que podemos imaginar es que estos robots, sean androides o no, adquieran consciencia de lo que están haciendo, es decir, que sean capaces de manifestar sentimientos de ira, furia, venganza, alegría, satisfacción, etc. Toda esta ficción parece que viene de las películas: amenazas de robots o guerras entre sus creadores contra el despertar de una rebelión robótica. Estos serían los extremos más comunes que solemos imaginar pero también podemos llegar a pensar que un aparato que siente que no recibe unos cuidados básicos decida electrocutar a una persona, darse a la fuga o autodestruirse. A mi parecer el reto más arduo que se presentaría en este sector sería el de conseguir contraponer dos o más sentimientos en un robot a la hora de optar por una decisión.

El miedo correría por cada poro de mi piel si de algún modo los robots llegaran a tener consciencia de lo que hacen. A día de hoy solamente actúan para facilitar nuestro ciclo vital y hacer que todo sea más práctico y ameno. No significa que debamos tener miedo de dirigirnos hacia el progreso pero, ¿os imagináis cómo sería vivir en una sociedad estrictamente robotizada?

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