jueves, 16 de enero de 2014

Esclavo de Libertas...

Venimos al mundo de la mano de una política de elección cero, no se nos otorga un editor de personas a modo de que podamos personalizar nuestro avatar con atributos perfectos ni con las cualidades más idóneas para desenvolvernos en la vida. Seamos realistas, la vida no se parece ni una pizca a un videojuego de Los Sims donde cualquier aspecto puede ser modificado fácilmente y donde los altibajos emocionales son muy controlables. Venimos predeterminados genéticamente en muchos aspectos, lo cual no significa que no tengamos la capacidad de elegir ni de cambiar ciertas cosas, aquí es donde comienza nuestra política de elección, estamos condenados a ser libres. 

La libertad es un concepto del que tienen un significado erróneo la gran mayoría de humanos. Somos peones de un tablero de ajedrez que a la fuerza tenemos que ir avanzando por un camino de baldosas asesinas, unas veces blancas y otras negras, hasta toparnos con otro individuo con el que tengamos que competir porque estamos inmersos en un sistema que nos conduce a la vanidad total. Algunos con más suerte que nosotros tendrán el privilegio de ser la reina o una torre del tablero y así poder moverse con más facilidad, aunque nadie logra desligarse sus cadenas de Libertas, simplemente las amplían. No existe ningún tipo de llave que nos desligue de ellas porque tampoco existe ningún cerrojo en el que poder insertarla. 


Nuestras decisiones están muy condicionadas, es evidente, estamos bombardeados de marketing barato hasta las cejas que nos impulsa al consumismo. Todas las masivas influencias que recibimos desencadenan una cascada de emociones negativas: "tengo que ser guapa, estar delgada, ser musculoso, comprar los perfumes más caros, escuchar este tipo de música, llevar siempre ropa de marca, gastar, gastar, gastar, gastar, gastar, gastar, gastar, gastar, gastar...", cuando en realidad parece que no somos conscientes de que los mejores momentos son los que se contemplan desde el balcón de la caja de nuestros sentimientos. Todo el mundo teme ser marginado y se aferra a la popularidad con la intención de no acabar excluido del mundo detrás de un biombo como Juan Ramón Jiménez. 

Las posturas más comunes llegan de personas encerradas en castillos de porcelana que osan a decir que son extremadamente libres y hacen lo que les place (confundiendo las cadenas de Libertas con las del libertinaje). Ser libre implica elegir y decidir sin recibir ninguna influencia ajena, implica arriesgar y apostar, implica llevar las riendas de nuestros dos caballos, llegar a volar sin tener alas y poder llegar a lo más alto y sobre todo, significa no arrebatar la libertad del otro. Parece como si nos hubiesen inyectado óxido nitroso en vena para que todo avance a la velocidad del trueno y que solo los más espabilados se den cuenta del verdadero olor que tiene el perfume de Libertas.

Estoy condenado a ser libre porque no hay más límites que mi libertad misma. Siendo imposible no depender de nada ni ser coaccionado en ninguna decisión, invitémonos a ser más "independientes" en este camino.

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