sábado, 7 de diciembre de 2013

¡Para gustos ni los colores...!

Las calles ya empiezan a tomar su aroma navideño, los destellos luminosos se presentan en una amplia gama de colores mientras se esconden hasta en los más abandonados recovecos de las ciudades, las tardes atraviesan nuestra piel fríamente y nos invitan a coger la manta y ver una película, sustituimos lo gélido por el café caliente y por supuesto, mandamos toda nuestra colección de otoño a las profundidades del armario. La moda nos invade y surge una necesidad estrepitosa de comprar gorros, bufandas, chaquetas, camisetas, pantalones, zapatos..., en determinados estampados y colores para acompañar la pasarela ciudadana y que no nos tachen de anticuados. Llevar determinados colores u optar por vestir de manera atípica a las señaladas fechas serán objeto de crítica para los miles de pasajeros que transitan a través del espectro luminoso de las calles.

Estamos forzados a ser lo que no somos y a no ser lo que queremos ser. Aparcamos a un lado nuestras preferencias, nuestros colores, nuestros atuendos, nuestra música, nuestros gustos y sobre todo nuestro aroma característico para impregnarnos de lo más aceptado por la tirana sociedad. Nos han mentalizado a encajar constantemente en recipientes en los que quizás no quepamos o se nos queden grandes. Cada año, cada estación, cada tendencia o cambio social o cultural que se produce hace vestir a las calles con un distinto perfume pero a la vez los ciudadanos lucen todos iguales como si fuesen un estante lleno de muñecas con los mismos complementos o un ejercito de soldados con los mismos uniformes. 

Las carencias personales y la gran falta de rigurosidad junto a las forzadas elecciones que tenemos que realizar son las que nos impulsan a ser iguales y a convertirnos cada año en la misma muñeca que las demás o el mismo soldado aparentemente igual a otro. Para eliminar todas estas cadenas y convertirnos en los diseñadores de nuestras vidas tendremos que superar todavía muchas más barreras y desligarnos de muchos prejuicios. Debemos darle una importancia primordial a nuestro aroma y nuestro sabor personal para no seguir cayendo en la misma trampa. ¿Podría este año venir a traerme mis regalos Spiderman en vez de Papá Noel? 

1 comentario:

  1. Jajaja, que bueno lo de Spiderman! Me encantan tus reflexiones. Yo lucho todos los dias para que esta idea trascienda. Sigue asi!

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