martes, 21 de agosto de 2012

Cartas de sangre...

Gotas de rocío bajaban por la cascada
y en cada partícula lo que sentía llevaban.
Era una gradación inversa de mis sentidos
que poco a poco se derramaban por las tierras del olvido.
Un castillo en el aire jamás soñado
con proyecto de en tus brazos ser acabado.
Eran las lágrimas del dragón
las que esta vez pedían perdón.
Era más caliente que el fuego de la mañana,
que el amor que se sentíamos cada madrugada,
que la lechuza que nuestros mensajes transportaba,
que el sol que con sus rayos nos acariciaba,
que la tinta que con bella poesía nos contaba
sus relatos muertos de viejas baladas,
que la impaciencia de una llamada
y el respiro hondo de las campanas,
que el bello sonido de tu voz y
la luz de nuestras miradas.
Porque ya nada será igual,
todo estará dominado por el frío viento helado,
y estaré solo cada noche y madrugada,
ya no vendrá ninguna lechuza encantada
ni el sol volverá a cruzar nuestras miradas,
la poesía ya sólo escribe lágrimas desesperadas
y la bella voz de tu vida ya no será de nuevo escuchada.
Ya no tocarán las campanas 
ni oiré el destello en la encrucijada.
Ahora esperaré 
a que el mundo me pinte una sonrisa otra vez.
Bajo la sombra del ciprés esperaré sentado,
un nuevo ángel bajará soñando
que podemos estar juntos y siempre caminando
cogidos de la mano e incluso por las nubes cantando.
Nos emborracharemos de felicidad,
escribiré la más bella poesía creada en la eternidad
y cuando esto sea cierto sonreiré sin más,
limpiando de pecados un pasado que no tenía final.

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